Nunca pude comprender la conversación que tuve con una señora, hace muchos años, tenía yo diecisiete, ella treinta. Era noche de Navidad. Habiendo convenido con un vecino que iríamos a la misa del gallo, preferí no dormir; quedamos en que yo iría a despertarle a la medianoche.
— Vete, vete, no te hagas esperar. La culpa ha sido mía. Adiós, hasta mañana.
Traducido del portugués por Diana Sorgato
Obra: Clotilde sentada en un sofá, Joaquiín Sorolla.
